En una escena musical cada vez más dominada por tendencias fugaces, hay proyectos que deciden mantenerse fieles a su esencia. Ese es el caso de Molly Dyck, una banda de indie rock nacida en el sur de Madrid que lleva casi una década construyendo su propio camino.
Desde sus inicios, el objetivo ha sido claro: ser ellos mismos. Sin disfraces, sin fórmulas prefabricadas. Solo música hecha desde dentro, con autenticidad y con una idea sencilla pero poderosa… tocar.
Aunque huyen de las etiquetas, no renuncian a sus influencias. Su sonido bebe de referentes tan diversos como el britpop, clásicos del rock español como Burning o Tequila, y también del rock latinoamericano. Una mezcla que da forma a un estilo propio, honesto y reconocible.
En un contexto donde predominan el reguetón y los grupos tributo, Molly Dyck apuesta por ir contracorriente. Crear sigue siendo el motor: dejar que cuerdas y voz se encuentren, que una canción nazca con la energía suficiente para provocar una emoción real en quien la escucha.
Su forma de entender la música es casi artesanal. Trabajan con riffs, palabras y ritmos urbanos como si fueran herramientas de un oficio que conocen bien. Cada tema es una pieza construida con cuidado, intención y pasión.
A lo largo de estos años, han llevado su directo a distintas salas y escenarios de Madrid, como Barracudas, Barco o Godfather Rock Club, además de eventos como las Fiestas de Getafe o la Casa de la Música de Fuenlabrada. Espacios donde han podido conectar cara a cara con el público, que al final es donde la música cobra todo su sentido.
Este mes presentan su nuevo single, “CARAMELO”, una muestra más de su evolución y de su compromiso con seguir creando desde la honestidad.
Molly Dyck no busca encajar. Busca emocionar. Y en ese camino, siguen fieles a lo único que realmente importa: la música.



