Desgarcias es el alter ego de Rubén García, un proyecto de canción de autor ecléctica y ácida que nace con una idea bastante clara: hacer canciones sin demasiadas ganas de pedir permiso y con muchas ganas de jugar.

Aquí las letras tienen tanto peso como la música. Juegos de palabras, historias cotidianas, humor, ironía y una mirada mordaz se mezclan con una particular querencia por los géneros populares. Porque en el universo de Desgarcias caben el rock y la rumba, pero también la salsa, la cumbia, el carnaval o el rockabilly. Y si mañana aparece otro ritmo por la puerta, probablemente también encuentre sitio.

Una canción de autor con pocas ganas de quedarse quieta

El punto de partida de Desgarcias está en las letras. Canciones construidas alrededor de historias, ocurrencias e inquietudes que buscan sorprender sin renunciar al sentido del humor.

La música sirve como territorio de juego. Los géneros se cruzan, se mezclan y se transforman para acompañar cada historia, huyendo deliberadamente de una etiqueta demasiado concreta. El resultado es un proyecto difícil de encasillar, pero fácil de reconocer por una característica común: la importancia de las palabras y una forma muy particular de mirar lo cotidiano.

Con un acentuado sentido del humor hacia la propia música y hacia todo lo que la rodea, Desgarcias entiende la canción como un espacio donde cabe prácticamente de todo: desde una reflexión hasta un disparate, desde una melodía pegadiza hasta un giro inesperado en la letra.

“Es triste pedir, más triste es trabajar”

En 2025, Desgarcias autoedita su primer trabajo, “Es triste pedir, más triste es trabajar”.

El álbum nace con muchas ganas y pocos medios, pero precisamente ahí reside parte de su encanto. Es un primer corte en el que las canciones se convierten en el principal argumento: letras cuidadas, historias diferentes y una variedad de estilos poco habitual conviven en un mismo trabajo.

Sin necesidad de esconder sus limitaciones de producción, el disco apuesta por algo que está en el ADN del proyecto: contar cosas de una manera diferente y pasarlo bien haciéndolo.

Rock, ritmos populares, humor y juegos de palabras forman un repertorio heterogéneo en el que cada canción puede llevar al oyente por un camino distinto.

“Sanar con gusto no pica”: segunda parada

En 2026, Desgarcias se encuentra inmerso en la producción de su segundo álbum, “Sanar con gusto no pica”, un trabajo que supone un paso adelante en el cuidado sonoro sin perder la esencia que dio origen al proyecto.

En esta nueva etapa, la murga uruguaya tendrá un papel destacado y compartirá espacio con el rock, el tango, el ska y todo un abanico de estilos que volverán a servir de vehículo para las letras.

La intención sigue siendo la misma: utilizar la canción para explorar historias, inquietudes y contradicciones desde una perspectiva propia, con ironía, humor y una buena dosis de mala leche.

Si el primer disco fue una declaración de intenciones hecha con muchas ganas y pocos medios, “Sanar con gusto no pica” apunta a ampliar ese universo y a vestirlo con una producción más trabajada.

Un proyecto difícil de meter en una sola casilla

Quizá esa sea precisamente una de las mejores maneras de acercarse a Desgarcias: sin intentar decidir demasiado pronto qué es.

Es canción de autor, pero también rock. Es humor, pero también crítica. Puede sonar a carnaval, a tango, a rumba o a ska y, al mismo tiempo, mantener una identidad reconocible.

En un momento en el que parece necesario ponerle una etiqueta a todo, Desgarcias apuesta por lo contrario: mezclar, jugar y escribir canciones.

Y, sobre todo, seguir encontrando nuevas formas de decir las cosas.