Desde Zaragoza llega Arey, un joven artista que ha construido su proyecto musical alrededor de una idea que atraviesa toda su obra: convertir la música en un territorio donde lo íntimo, lo fantástico y lo onírico puedan convivir.
Su propuesta se mueve con libertad entre diferentes estilos. El pop indie sirve como uno de los puntos de partida, pero sus canciones también se adentran en terrenos de electrónica, jazz o rock alternativo, dando forma a un sonido ecléctico que acompaña unas letras marcadas por la introspección.
Más que contar historias de manera convencional, Arey construye universos conceptuales. Sus canciones hablan desde lo personal, pero recurren a la fantasía, la mitología, lo místico y lo onírico para transformar esas experiencias en algo más amplio. Una forma de maquillar lo íntimo sin ocultarlo del todo.
Fantasía, mitología y mundo interior
Desde el comienzo de su carrera profesional, el imaginario de Arey ha estado estrechamente ligado a todo aquello que se encuentra entre lo real y lo imaginado.
La fantasía, la mitología y el mundo de los sueños aparecen no solo en sus letras, sino también en los sonidos y en la estética que rodea su proyecto. Todo parece formar parte de un mismo universo narrativo en el que cada elemento tiene su función.
Sus canciones pueden entenderse así como pequeñas piezas de una historia mayor. No se trata únicamente de escuchar una sucesión de temas, sino de adentrarse en un escenario en el que las emociones, los conflictos y las experiencias personales adoptan nuevas formas.
“Notas de un masoquista”: el Tarot como mapa
Esta concepción alcanza una de sus expresiones más claras en su último proyecto, “Notas de un masoquista”, un trabajo inspirado en las cartas del Tarot.
Las canciones se corresponden con los Arcanos Mayores, utilizando cada carta como punto de partida para narrar un episodio de la vida del artista. El Tarot se convierte así en una especie de mapa para recorrer diferentes experiencias, pensamientos y conflictos.
Pero el viaje no se limita a las canciones.
Entre ellas aparecen una serie de interludios protagonizados por una tarotista, que ayudan a poner al oyente en contexto y funcionan como piezas narrativas dentro del conjunto. Gracias a ellos, el proyecto adquiere una dimensión casi cinematográfica: cada canción abre una nueva etapa del recorrido y cada carta aporta una nueva perspectiva.
Como en una tirada de Tarot, las respuestas no aparecen necesariamente de forma directa. Hay símbolos, preguntas, contradicciones y lecturas posibles.
Un viaje hacia dentro
A través de este recorrido, Arey plantea una serie de reflexiones relacionadas con los conflictos interiores y exteriores que forman parte de la experiencia personal.
El artista utiliza el lenguaje simbólico del Tarot para hablar de emociones y situaciones concretas, creando una distancia que permite observarlas desde otro lugar. Lo personal se transforma en concepto y el concepto vuelve a convertirse en canción.
Musicalmente, esa búsqueda se traduce en una propuesta abierta, capaz de transitar entre el pop indie, la electrónica, el jazz o el rock alternativo. Una diversidad sonora que encaja con un proyecto que tampoco pretende limitarse a una única manera de contar las cosas.
Una propuesta para escuchar con la mirada
Aunque puede entenderse como un disco, pero también como un relato. Un recorrido en el que cada canción representa una carta y cada carta abre una puerta hacia una parte diferente del universo de Arey.
En ese juego entre realidad y fantasía reside buena parte del atractivo de su propuesta: utilizar lo imaginario para hablar de lo real.
Arey construye así un proyecto en el que música, narrativa y estética forman parte de un mismo lenguaje. Un universo propio en expansión que invita al oyente a dejarse llevar por sus símbolos, sus sonidos y sus historias para descubrir qué hay detrás de cada carta.
Porque, al fin y al cabo, quizá escuchar a Arey sea también una pequeña tirada de Tarot: nunca sabemos exactamente qué carta va a aparecer, ni qué parte de nosotros mismos terminará reflejando.



